Posts Tagged ‘sobre mí’

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Mi fagot y yo

9 agosto 2010

Pensando en un tema sobre el que escribir, me acabo de dar cuenta de que en estos meses que llevo con el blog, todavía no he hablado sobre mi fagot (para quien no tenga muy claro lo que es un fagot, aquí dejo un enlace a un artículo sobre él en la wikipedia).

Empezaré por el principio: llevo tocándolo desde los 10 años, así que ahora hace 6 que lo toco (qué bien resto…). Antes tocaba el piano, pero no me terminaba de convencer, y entre eso y que cuando entré al conservatorio no había plazas de piano, pues empecé con el fagot.

Como pequeño descanso, dejo un video de cuatro frikis con fagot tocando las canciones del super mario.

Ya sé que he dicho que el video era solo como pequeño descanso, pero en realidad no tengo nada más que decir. Pero no os quejéis, que os he dado una clase práctica sobre como rellenar un post sin tener nada que decir.

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Aburrimiento…

29 junio 2010

Sólo llevo tres días sin clases (más el fin de semana, pero eso no cuenta) y ya me aburro con tanto tiempo libre.

¡Hasta el mono se aburre!

¿Por qué siempre tenemos que querer lo que no tenemos? Durante el año, estoy deseando que lleguen las vacaciones, de verano, semana santa, navidad, o lo que sea, y ahora que por fin las tengo, quiero tener algo que hacer. Menos mal que sólo llevo tres días, no quiero ni pensar cuando llegue al mes… aunque, claro, entonces ya estaré en la playita, y allí una no se aburre tanto.

Pero bueno, aquí el caso es que me aburro, y… bueno…. pues sólo eso: que me aburro.

PD: Sí, lo sé, es una mierda de post. ¡Pero es que me aburro!

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Cosas que me encantan

16 mayo 2010

-El olor a vainilla.

-Las largas duchas con agua calentita.

-Leer.

-Ponerme el despertador diez minutos antes, para despertarme y poder dormir diez minutos más.

-El chocolate con churros.

-Encontrarme dinero olvidado en un bolsillo.

-Medio dormirme tomando el sol en la playa.

-Soñar despierta.

-Cantar en la ducha.

-Mirar fotos de hace nosecuantos años.

-Los domingos por la mañana, cuando puedo quedarme durmiendo hasta las doce.

-Tumbarme un ratito y no hacer nada.

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Mi aventura sobre ruedas

6 abril 2010

Uno de estos días de Semana Santa (¡Ah! ¡Por cierto! Hola, ya estoy aquí, volví el sábado) un par de amigas me convencieron para salir a patinar. Yo hacía un montón que no patinaba, varios años debía de hacer, y ni siquiera tenía patines, me tuvieron que dejar unos, pero me dejé convencer y salimos. Fuimos al paseo marítimo (por cierto, nunca me había fijado en la cantidad de gente que hay por ahí patinando…) que está bastante cerca de la urbanización donde estábamos. Mis dos amigas fueron patinando desde allí, pero yo me negué a ponerme los patines antes de llegar allí, no me fuese a matar antes de tiempo, que soy capaz. Ya que iba sin patines aproveché para ayudarlas al cruzar la calle, que sino se hubieran matado o algo por el camino. Luego llegamos por fin al paseo marítimo: yo me senté a ponerme los patines (que me costó lo mío…) y ellas se pusieron a meterme prisa (¡si es que son más majas!). Y entonces llegó la hora de la verdad: tenía que ponerme de pie con los patines. ¿Lo conseguiría? ¿No lo conseguiría? ¿Me caería de culo provocando las miradas de todo el mundo? Por suerte lo conseguí a la primera, y la verdad es que no se me dio tan mal como esperaba. No me llegué a caer ninguna vez, aunque sí que hice varios amagos. Entonces todo fue bonito, hermoso, perfecto… hasta que llegamos al kiosko. Nos íbamos a comprar algo de comer (unas patatitas, unas chuches… cualquier cosa). Al principio parecía que iba bien, la primera amiga pidió y no nos habíamos matado ninguna, eso era buena señal. Luego llegó el turno de la segunda amiga: no se mató ni nada, pero cuando iba a pagar se le cayeron todas las monedillas, por dentro y por fuera del kiosko. Tuvimos que recogerlas con los patines puestos, con cuidado de no matarnos justo en ese momento. Y claro, como era dificil no matarme, pues me maté (bueno, no del todo, sólo casi). Me estaba levantando de coger una de las monedillas y perdí el equilibrio al levantarme. Para no caer al suelo, me apoyé en el kiosko, y con el golpe que di parecía que le estaba metiendo prisa al pobre kioskero que, por cierto, es muy majo, no necesitamos pedirle las cosas porque ya sabe qué queremos ( bueno, conmigo no, que cada día pido una cosa distinta, pero con mis amigas sí que sí). Lo que estaba diciendo, que parecía que le estaba metiendo prisa al pobre, y como encima estaba de espaldas pues no vio mi caida. ¡A saber lo que pensaría! Pero bueno, a pesar de que se había formado cola detrás nuestro (¿qué pasaba, es que no había más kioskos?) nosotras nos fuimos muy dignamente (o todo lo que pudimos, por lo menos).

PD: Qué de paréntesis he puesto ¿no?

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Abuela, los peluches no hablan

1 marzo 2010

Hay veces que me extraño de la buena memoria que tengo (aunque si es para memorizar las fechas de un examen de Historia ya no es tan buena…). Esto lo digo porque me acuerdo de algunas cosas de cuando era muy pequeña. Esta en concreto, que voy a contar ahora porque me apetece, pasó cuando yo tenía tres años. No me preguntéis cómo sé que tenía tres años, y no dos o cuatro, pero el caso es que lo sé. Bueno, el caso es que yo estaba en casa de mis abuelos: mis padres trabajaban y yo me quedaba allí con ellos. Tenía un peluche, un conejito blanco que todavía tengo por ahí perdido (o eso creo, por lo menos), y entonces mi abuela me lo pidió y se lo puso en la oreja. Ella ponía así cara de concentración, y un ratillo después me dice que el conejito le ha dicho nosequé (no me preguntéis el qué, que a tanto no llego). Yo me quedé pensando: “¡Pero si los peluches no hablan!”. Entonces ella me dijo:

-¡Póntelo tú en la oreja, venga, a ver qué te dice!

Yo no me lo creía mucho, pero bueno, como era muy obediente yo, pues me lo puse. Me quedé un ratito con el puesto, pero ya me cansé y dije algo así como:

-Abuela, esto no habla.

Esto quedará para la posteridad como una prueba más de la incomprensión de los adultos hacia los niños.

No tengo una foto del mío, pero este se parece bastante.

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Mi reloj siamés

11 febrero 2010

Tengo una amiga que, cuando se aburre, lo primero que dice es:

-¡Oye! ¿Y si te hago un test de alguna revista?

Y yo, que no tengo nada mejor que hacer, pues respondo:

-Vale…

Y entonces se pone a hacerme el test. ¿Y esto a qué viene? Pues a que el otro día resulta que estaba yo con esa amiga, y también resulta que nos aburríamos, y entonces pues se puso a hacerme un test de esos. Una de las preguntas era decir algo que siempre llevásemos puesto. ¿Y qué respondí yo? ¡Mi reloj! Sí, es que nunca me lo quito, es como una parte de mí. Como diría Cortázar: No me regalaron un reloj, fui yo la regalada.

Una vez se me rompió el reloj, y tuve que estar una semana sin él. Creo que en esa semana cualquiera que estuviese a mi lado terminaría odiándome, o casi. Es que no pasaba un solo segundo sin que yo preguntara:

-¿Qué hora es?

Es que yo, sin reloj, no soy persona. Es como si fuese mi hermano siamés: duermo con él, me ducho con él, hago todo con él. ¡Y ni siquiera es bonito! Es un reloj digital del Decathlon. Muy útil si estas en el cine, eso sí… como  tiene luz.

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Más de sueños

26 enero 2010

Recupero el tema del post anterior, donde hablaba de los sueños. Aunque ahora voy a concretar un poco más: hablaré de esos sueños que se repiten, y se repiten, y se repiten… Por poner un ejemplo, os cuento uno que tengo a menudo:

Voy en el coche con mis padres y mi hermana, por un lugar sospechosamente parecido a los volcanes del supermario. El coche va sobre unas pasarelas de madera que en la realidad no aguantarían ni mi propio peso. Entonces la pasarela esta de madera se termina. Mi padre (que es quien conduce siempre) no hace ni siquiera amago de frenar y, lógicamente, el coche se cae al vacío. Ahí es cuando me despierto.

¿Significará algo? A lo mejor quiere decirme que tanto jugar al supermario me va a matar… O que no debería dejar conducir a mi padre… No sé, no sé… Por que si sueño tantas veces con lo mismo será que estoy obsesionada con ello. O a lo mejor no. No sé, esto de los sueños es muy raro.

Bueno, pues a ver si alguien se anima a comentar y cuenta algún sueño suyo, que a mí estas cosas me entretienen mucho.