Posts Tagged ‘mis ideas’

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Algo pequeñito

2 julio 2010

No, no voy a hablar de la canción de Daniel Diges, voy a hablar de los clips (son chiquitos ¿no?).

¿Qué es un clip? Pues yo lo definiría como un trozo de alambre doblado. El diccionario de la RAE es un poco más elegante diciéndolo, pero vamos que dice lo mismo:

clip1.

(Del ingl. clip).

1. m. Utensilio hecho con un trozo de alambre, u otro material, doblado sobre sí mismo, que sirve para sujetar papeles.

2. m. Sistema de pinza para fijar mediante presión broches, horquillas, etc.

El caso es que estos cacharritos tienen muchas utilidades: desde lo básico de sujetar papeles, hasta construir la Torre Eiffel con ellos (seguro que si te pones, lo consigues), pasando por limpiadores de uñas (¿por qué no?) o figuritas más sencillas.

Y, bueno, eso, ¡arriba los clips! Algún día dominarán el mundo…

PD: La siguiente imagen no tiene nada que ver con el post:

Pero como estamos en verano, en verano tiene que hacer sol, y hoy no hace sol… pues lo pongo yo en mi blog, ¡ala!

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Esos moratones que aparecen porque sí

20 mayo 2010

Cuando te caes, te das un golpe, o algo similar, es lógico que te salgan moratones. Cuando no te has dado ningún golpe, el que te salgan moratones ya empieza a ser algo raro. Una vez puede ser que no recuerdes el golpe, a lo mejor fue durmiendo. Dos veces…bueno, todavía pasa, aunque ya empieza a ser más sospechoso. Pero cuando te pasa siempre, como a mí, ya es un misterio sin resolver.

Se me ocurren algunas hipótesis para explicar el gran misterio de los moratones:

La primera es que me los hago dormida. Esto tiene algunas pegas: al lado de mi cama no hay pared, y nunca he amanecido en el suelo, así que no me los puedo hacer ni con la pared ni con el suelo. Aparte que yo durmiendo me muevo muy poco, así que…

La segunda hipótesis es que soy tengo la piel muy sensible y al mínimo golpe me sale moratón; me acuerdo que una vez de pequeña estaba bailando en mitad del salón de mi casa y de repente me di cuenta de que tenía una herida. Creo que esta es bastante probable.

La tercera y última es la más probable: hay una sobrepoblación de moratones, son tantos que si tienen que esperar a que la gente se dé golpes para acoplarse en ella no cabrían en el planeta, así que han elegido un grupo de personas para formar grandes colonias de moratones sin esperar a que nos demos un simple golpe.

¿Qué os parece?

PD: este post se me ocurrió por otro que leí el otro día en El Templo del Mono.

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Guerra a los mosquitos

29 abril 2010

¡Me encanta que por fin llegue el calorcito! Ya no me tengo que coger la chaqueta cada vez que salgo a la calle; y además significa que falta menos para poder bañarme en la piscina. Pero no todo son cosas buenas, no. A la vez que el calorcito, llegan los bichos. Y, más concretamente, llegan los mosquitos.

Los mosquitos vuelan por tu casa como si nada, tan tranquilos ellos, parecen inofensivos y todo. Pero por la noche… ¡zas! Llegan, y te pican. Y cuando te pica el primer mosquito, llega el momento de sacar las mejores armas que tenemos contra ellos: los antimosquitos. Ocupas todos los enchufes de la casa con los aparatitos esos. O te llenas el cuerpo con el spray pegasoso ese. O, si como yo, eres una de las víctimas favoritas de los mosquitos, mejor las dos cosas.

Porque esa es otra: los mosquitos no pican a todo el mundo. Sólo a un puñado de personas que estamos predestinadas a sufrir a manos de estos mosquitos. Yo conozco a gente que nunca se echa el spray antimosquitos y, sin embargo, nunca les pican los mosquitos. Pero también me conozco a mí misma, que ya me puedo estar echando todas las noches el spray de las narices, que como se me olvide una sola noche al día siguiente me despierto con picaduras por todos lados.

Este año he decidido declararles la guerra a los mosquitos. En cuanto vea a uno, me lo cargo (o lo intento, por lo menos). Así que señores  mosquitos, señoras mosquitas… esto es la guerra.

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Pobres martes…

20 abril 2010

Hoy es martes. Tengo que decir que el pobre martes está muy poco valorado. Porque todo el mundo habla de lo que odia el lunes, lo en medio que están el miércoles y el jueves, las ganas que tienen de que llegue el viernes, la fiesta a la que van a ir el sábado o la siesta que se van a echar el domingo. ¿Pero quién habla del martes? Pues nadie, ya lo digo yo, nadie. Pasamos por encima de él como un puente del lunes al miércoles. ¡Y es que es eso! Es un puente, pero nadie se da cuenta de lo importante que es ese puente. Sin el martes, nos quedaríamos eternamente estancados en el lunes. ¡Oh, no! ¡Qué horror! ¡Super-Martes, por favor, ven y sálvame de este horrible, horrible lunes!

Pero hasta ahora sólo he hablado de los martes normales y corrientes. Porque hay otro tipo de martes más marginados todavía: los martes y 13.

A los martes normalitos la gente los ignora inconscientemente. Pero a los pobres martes y 13, los ignoran a propósito. ¿Qué culpa tienen ellos de ser martes 13? ¿Eh?¿Eh?

Hay por ahí un refrán que dice algo así como “martes 13, ni te cases ni te embarques” (no sé si es exactamente así, no soy experta en refranes). Yo creo que eso lo inventaron entre los curas y los capitanes de barco, para poder tener algunos días libre extras. Pero no se dieron cuenta (o quizás si…) de que de esta forma apartaban de la sociedad a los pobres martes y 13.

Así que yo, en este momento y en este lugar, juro solemnemente que, si alguna vez monto en un barco, ese día será martes 13.

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Madres con super-poderes

17 abril 2010

A mi siempre me pasa, y supongo que a los demás también, que estoy buscando una cosa, por ejemplo el champú, y no lo encuentro en ninguna parte del baño. Entonces voy y le pregunto a mi madre que si sabe donde está el champú porque yo no lo encuentro. Me dice que en el baño, que busque bien. Vuelvo al baño, busco por todos lados, hasta dentro del váter, y sigue sin estar. Vuelvo a decírselo a mi madre. Ahora es cuando llega la típica frase de:

-Como vaya yo y lo encuentre…

Y entonces va y lo encuentra. Y encima está en la ducha, en su sitio. No sé cómo lo hace, porque yo estoy segura de que cuando yo miré ahí no estaba. Así que tengo una hipótesis: las madres tienen super-poderes. No hay otra explicación.

Los super-poderes más comunes en las madres son la telekinesis y leer los pensamientos. La telekinesis ya la he explicado, el champú lo deben de mover ellas con su mente, porque yo sigo segura de que antes no estaba allí. Lo de leer los pensamientos esta claro: si no has hecho algo que tenías que hacer (o, al contrario, has hecho algo que no tenías que hacer) ellas lo saben, porque lo leen en tu mente.

Y esto es todo por hoy, seguiré investigando sobre los superpoderes de las madres.

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Lunes

22 marzo 2010

Hoy es lunes. Si le preguntas a cualquiera que cuál es el peor día de la semana seguro que te contesta que el lunes (sobre todo si ese alguien es Garfield)… Está claro el porqué ¿no? Hay que volver a la rutina de estudiar o trabajar o lo que sea que hagas normalmente, después de un fin de semana en el que habrás estado sin hacer nada, o haciendo lo que te apetece.  ¡Normal que la gente odie los lunes!

Pero en el fondo el lunes no esta tan mal. El pobrecito lunes está discriminado, marginado, cuando en realidad nos ayuda muuuucho, muuucho. Porque, a ver, ¿quién disfrutaría del fin de semana si no supiera que después va a llegar el lunes y va a tener que volver a estudiar, trabajar o lo que sea? ¡Pues nadie! Bueno, vale, a lo mejor hay por ahí algún optimista que le daría exactamente igual, pero ese no cuenta.

Así que dejemos de odiar al lunes, y unámonos todos para dar gracias al lunes (esto tiene que decirse en plan solemne, que si no, no queda bien).

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Burbujitas

22 febrero 2010

Ayer por la tarde fui un momento al trastero de mi casa. Iba a por unas muletas para prestarle a un primo mío que se ha roto una pierna, y me encontré con un plástiquito de estos de burbujitas. Sabéis cuáles digo ¿no? Pues bien, entonces me planteé una de mis dudas existenciales: ¿Por qué nos gusta tanto explotar las burbujitas?

Yo no le he encontrado ninguna razón lógica, pero el caso es que nos pasa a todos (o a casi todos). En cuanto vemos un plastiquillo de esos, corremos como posesos a explotar las burbujas. Y si somos dos los que queremos explotarlas… ¡pues se puede organizar hasta una guerra! Que si “Dame más plastiquillo, que tú tienes casi todo”, o que si “No vayas tan deprisa que no me dejas a mí ninguna”. Y cuando se acaba, se queda una sensación en el cuerpo… como pensando “Y ¿ya está? ¿no hay más?”. Igual que cuando lees un libro que te está encantando y el final es muy cutre.

Y ¿no le ha pasado a nadie que le hacen un regalo, y hace más ilusión el plástico donde va envuelto que el regalo en si mismo? El que regala se debe quedar pensando, el pobre: “Bueeeno…. por lo menos le ha gustado el plástico”.

Esto del plástico de burbujas da para escribir un libro entero, pero yo lo voy a dejar ya. Así que adiós, gente.