Archive for 29 abril 2010

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Guerra a los mosquitos

29 abril 2010

¡Me encanta que por fin llegue el calorcito! Ya no me tengo que coger la chaqueta cada vez que salgo a la calle; y además significa que falta menos para poder bañarme en la piscina. Pero no todo son cosas buenas, no. A la vez que el calorcito, llegan los bichos. Y, más concretamente, llegan los mosquitos.

Los mosquitos vuelan por tu casa como si nada, tan tranquilos ellos, parecen inofensivos y todo. Pero por la noche… ¡zas! Llegan, y te pican. Y cuando te pica el primer mosquito, llega el momento de sacar las mejores armas que tenemos contra ellos: los antimosquitos. Ocupas todos los enchufes de la casa con los aparatitos esos. O te llenas el cuerpo con el spray pegasoso ese. O, si como yo, eres una de las víctimas favoritas de los mosquitos, mejor las dos cosas.

Porque esa es otra: los mosquitos no pican a todo el mundo. Sólo a un puñado de personas que estamos predestinadas a sufrir a manos de estos mosquitos. Yo conozco a gente que nunca se echa el spray antimosquitos y, sin embargo, nunca les pican los mosquitos. Pero también me conozco a mí misma, que ya me puedo estar echando todas las noches el spray de las narices, que como se me olvide una sola noche al día siguiente me despierto con picaduras por todos lados.

Este año he decidido declararles la guerra a los mosquitos. En cuanto vea a uno, me lo cargo (o lo intento, por lo menos). Así que señores  mosquitos, señoras mosquitas… esto es la guerra.

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Reencuentro…

25 abril 2010

El otro día mi madre me pidió que fuese a recoger a mi hermana al colegio. Fui, evidentemente. Cuando iba a volver ya a casa, después de esperar quince minutos a que mi hermana saliera de una vez, de repente oigo detrás de mí:

-¡Lacasitera!

Me giré. No ví a nadie conocido detrás de mí, y tampoco parecía que me mirase nadie, así que pensé que llamarían a otra Lacasitera. Entonces lo volví a oir:

-¡Lacasitera!

Me giré otra vez, y ahora sí que la ví: era una amiga a la que hacía muuucho, mucho, mucho, mucho (varios años, para concretar un poco más) que no veía.

Después de decir lo típico de “¿qué tal estás?”, “Cuánto tiempo ¿no?”, y poco más, me quedé sin saber que más decir. Seguramente tendríamos ochocientas mil cosas que contarnos, pero a mí no se me venía ninguna a la cabeza. Es curioso que sea más fácil sacar un tema para hablar con alguien a quien ya le has contado tu vida entera, que con alguien que hace mucho que no sabe de tí; si lo pensamos, debería ser al reves…

Bueno, el caso es que al final le dije que me tenía que ir a clase  (y que conste que eso era verdad) y volví a mi casa para prepararme.

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Pobres martes…

20 abril 2010

Hoy es martes. Tengo que decir que el pobre martes está muy poco valorado. Porque todo el mundo habla de lo que odia el lunes, lo en medio que están el miércoles y el jueves, las ganas que tienen de que llegue el viernes, la fiesta a la que van a ir el sábado o la siesta que se van a echar el domingo. ¿Pero quién habla del martes? Pues nadie, ya lo digo yo, nadie. Pasamos por encima de él como un puente del lunes al miércoles. ¡Y es que es eso! Es un puente, pero nadie se da cuenta de lo importante que es ese puente. Sin el martes, nos quedaríamos eternamente estancados en el lunes. ¡Oh, no! ¡Qué horror! ¡Super-Martes, por favor, ven y sálvame de este horrible, horrible lunes!

Pero hasta ahora sólo he hablado de los martes normales y corrientes. Porque hay otro tipo de martes más marginados todavía: los martes y 13.

A los martes normalitos la gente los ignora inconscientemente. Pero a los pobres martes y 13, los ignoran a propósito. ¿Qué culpa tienen ellos de ser martes 13? ¿Eh?¿Eh?

Hay por ahí un refrán que dice algo así como “martes 13, ni te cases ni te embarques” (no sé si es exactamente así, no soy experta en refranes). Yo creo que eso lo inventaron entre los curas y los capitanes de barco, para poder tener algunos días libre extras. Pero no se dieron cuenta (o quizás si…) de que de esta forma apartaban de la sociedad a los pobres martes y 13.

Así que yo, en este momento y en este lugar, juro solemnemente que, si alguna vez monto en un barco, ese día será martes 13.

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Madres con super-poderes

17 abril 2010

A mi siempre me pasa, y supongo que a los demás también, que estoy buscando una cosa, por ejemplo el champú, y no lo encuentro en ninguna parte del baño. Entonces voy y le pregunto a mi madre que si sabe donde está el champú porque yo no lo encuentro. Me dice que en el baño, que busque bien. Vuelvo al baño, busco por todos lados, hasta dentro del váter, y sigue sin estar. Vuelvo a decírselo a mi madre. Ahora es cuando llega la típica frase de:

-Como vaya yo y lo encuentre…

Y entonces va y lo encuentra. Y encima está en la ducha, en su sitio. No sé cómo lo hace, porque yo estoy segura de que cuando yo miré ahí no estaba. Así que tengo una hipótesis: las madres tienen super-poderes. No hay otra explicación.

Los super-poderes más comunes en las madres son la telekinesis y leer los pensamientos. La telekinesis ya la he explicado, el champú lo deben de mover ellas con su mente, porque yo sigo segura de que antes no estaba allí. Lo de leer los pensamientos esta claro: si no has hecho algo que tenías que hacer (o, al contrario, has hecho algo que no tenías que hacer) ellas lo saben, porque lo leen en tu mente.

Y esto es todo por hoy, seguiré investigando sobre los superpoderes de las madres.

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Mixto y Mixta

16 abril 2010

Me encantan los anuncios de Mixta en general, me rio un montón con ellos. Este me lo enseñó una amiga el otro día y no me he podido resistir a ponerlo… Así que, ¡ala! a verlo todo el mundo y a reirse un ratillo que es muy sano.

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Mi aventura sobre ruedas

6 abril 2010

Uno de estos días de Semana Santa (¡Ah! ¡Por cierto! Hola, ya estoy aquí, volví el sábado) un par de amigas me convencieron para salir a patinar. Yo hacía un montón que no patinaba, varios años debía de hacer, y ni siquiera tenía patines, me tuvieron que dejar unos, pero me dejé convencer y salimos. Fuimos al paseo marítimo (por cierto, nunca me había fijado en la cantidad de gente que hay por ahí patinando…) que está bastante cerca de la urbanización donde estábamos. Mis dos amigas fueron patinando desde allí, pero yo me negué a ponerme los patines antes de llegar allí, no me fuese a matar antes de tiempo, que soy capaz. Ya que iba sin patines aproveché para ayudarlas al cruzar la calle, que sino se hubieran matado o algo por el camino. Luego llegamos por fin al paseo marítimo: yo me senté a ponerme los patines (que me costó lo mío…) y ellas se pusieron a meterme prisa (¡si es que son más majas!). Y entonces llegó la hora de la verdad: tenía que ponerme de pie con los patines. ¿Lo conseguiría? ¿No lo conseguiría? ¿Me caería de culo provocando las miradas de todo el mundo? Por suerte lo conseguí a la primera, y la verdad es que no se me dio tan mal como esperaba. No me llegué a caer ninguna vez, aunque sí que hice varios amagos. Entonces todo fue bonito, hermoso, perfecto… hasta que llegamos al kiosko. Nos íbamos a comprar algo de comer (unas patatitas, unas chuches… cualquier cosa). Al principio parecía que iba bien, la primera amiga pidió y no nos habíamos matado ninguna, eso era buena señal. Luego llegó el turno de la segunda amiga: no se mató ni nada, pero cuando iba a pagar se le cayeron todas las monedillas, por dentro y por fuera del kiosko. Tuvimos que recogerlas con los patines puestos, con cuidado de no matarnos justo en ese momento. Y claro, como era dificil no matarme, pues me maté (bueno, no del todo, sólo casi). Me estaba levantando de coger una de las monedillas y perdí el equilibrio al levantarme. Para no caer al suelo, me apoyé en el kiosko, y con el golpe que di parecía que le estaba metiendo prisa al pobre kioskero que, por cierto, es muy majo, no necesitamos pedirle las cosas porque ya sabe qué queremos ( bueno, conmigo no, que cada día pido una cosa distinta, pero con mis amigas sí que sí). Lo que estaba diciendo, que parecía que le estaba metiendo prisa al pobre, y como encima estaba de espaldas pues no vio mi caida. ¡A saber lo que pensaría! Pero bueno, a pesar de que se había formado cola detrás nuestro (¿qué pasaba, es que no había más kioskos?) nosotras nos fuimos muy dignamente (o todo lo que pudimos, por lo menos).

PD: Qué de paréntesis he puesto ¿no?